Objetivo: Cerro El Plomo

Tras dos fines de semana de aclimatación en Pintor y Leoneras, partimos el sábado hacia el último desafío de nuestra trilogía: el cerro El Plomo. Los pronósticos anunciaban tormenta para la tarde del día siguiente. Al llegar a Federación, como cordada tomamos una decisión clara: las 11:00 sería nuestro horario límite. La seguridad primero.  A las 03:30 am del domingo iniciamos la marcha, la cordada avanzó junta en la oscuridad. A las 06:00 alcanzamos el Refugio Agostini. Breve descanso, azúcar, té caliente y nuevamente en movimiento. Cerca de los 5.050 m nos detuvimos a evaluar. Eran las 09:30. La cumbre estaba ahí, cercana, tangible. Sabíamos que podíamos lograrla, pero también sabíamos que llegaríamos fuera del horario acordado.

Ese fue el verdadero momento de cumbre. Dejar el ego de lado. Mirarnos. Recordar por qué subimos juntas. Si no llegamos todas antes de las 11, no lo hacemos. Y dimos la vuelta. Dolió. Porque la cima estaba a menos de 400 metros. Pero la calma llegó rápido: la cordada vale más que cualquier cumbre, y son estas decisiones las que nos forman como montañistas. Al día siguiente, la montaña nos regaló un descenso luminoso por Piedra Numerada y un cierre en el Alemán de Farellones, donde compartimos gratitud, aprendizaje y la certeza de haber elegido bien. Esta vez no hubo cumbre geográfica, pero sí una cumbre más profunda. La montaña nos recordó que la verdadera cima es volver a casa, juntas.