Si bien nuestro objetivo original era alcanzar la cumbre del cerro El Pintor, las condiciones de tiempo no jugaron a nuestro favor desde el inicio de la jornada.
Debido a las obras que se están realizando en el sector de los estacionamientos del domo (andariveles Las Águilas), nos vimos obligados a dejar el auto en una de las calles de La Parva. Este tramo adicional, sumado a otros pormenores propios de la marcha, alargó el acercamiento inicial.
Aun así, mantuvimos un paso constante —con breves pausas— hasta alcanzar el refugio La Parva. En el trayecto nos encontramos con el grupo del Club que se preparaba para ascender el cerro El Plomo, lo que dio un ambiente especial a la jornada.
En el refugio dejamos las mochilas para tomar un descanso y comer algo. Aunque la hora ya comenzaba a jugar en contra; las ganas seguían intactas. Mirando hacia atrás, con la bandera elevada a lo alto del cerro La Parva y tras unas palabras de motivación, decidimos enfilarnos hacia su cumbre.
Este cerro, muchas veces pasado por alto —especialmente por quedar a la sombra del gran macizo del Plomo, que atrae miradas por sus cumbres, colores y glaciares—, supo hacerse notar. Su excelente panorámica en altura le otorga un protagonismo propio, quedando apenas a 133 metros de diferencia respecto del Pintor.
El descenso lo realizamos por la cara opuesta, continuando luego por el camino de retorno. Sin mayores novedades, pero contentos, cerramos el día contentos por haber alcanzado una meta distinta a la planificada, recordándonos que en la montaña no siempre se llega al objetivo inicial, pero sí a buenas historias.