Relatos

El Grupo Colina – Traducción del artículo publicado en 1943

El Grupo Colina

Por Herbert Rentzsch

El «Grupo Colina», así llamé inicialmente al hermoso grupo de cerros cuando literalmente los rodeé. En la última carta de la cordillera aparecen estos cerros como cumbres innominadas entre el Paso de Nieves Negras y el Paso Colina. Yo les di el nombre de Grupo Colina porque ahí nace el estero Colina. Algunos años más tarde, cuando subí una de estas cumbres, tomé el derecho del primer ascensionista y bauticé este grupo como Picos Colina. Como tal aparece este grupo en el esquema adjunto y así va a aparecer en la futura carta de la cordillera. Las cumbres individuales recibieron sus nombres de acuerdo a su posición: la cumbre norte se llama «Cumbre Norte» (4260 m), luego sigue la «Cumbre Oriente» (4420 m) y la más alta es la «Cumbre Sur» (4640 m). La punta más cercana al Paso Colina se llama «Punta Portillo» (4020 m). Empotrado entre estas puntas se extiende un glaciar, el origen del estero Colina.

Geográficamente otro cerro pertenece al grupo, el cerro Amarillo (4240 m). Está al Norte de los Picos Colina y separado de estos por el Portillo Azufre de aproximadamente 4000 m de altura. El Amarillo muestra en su estructura y formaciones rocosas muchas similitudes con los cerros Colina y su posición hace que caiga dentro de la cuenca de estos que tiene hacia el Sur el estero Bandera, al Oeste y al Norte el estero Colina y al Este el río argentino Salinillas.

En el esquema están marcados con puntos las rutas que realicé o mejor dicho, que cabalgué. Tres excursiones realicé en esta zona; la primera con otros seis camaradas en la semana santa de 1936, durante la cual se realizó el segundo ascenso del cerro Amarillo. En la segunda excursión, del 7 al 17 de febrero de 1937, estuve solo con mi esposa y di la vuelta al grupo a caballo; lamentablemente debido al mal tiempo los ascensos fueron pospuestos.

Como ya conocía todo el grupo por sus alrededores, también quería subir. En semana santa de 1938 en Santiago se canceló un intento por la nieve fresca que cayó, pero en la semana santa de 1939 se intentó finalmente. Utilicé una salida del club al refugio de Lo Valdés para guiar hacia el grupo Colina y con eso nos resultó el primer ascenso de la «Cumbre Norte».

El acceso al grupo Colina se consigue desde nuestro refugio de Lo Valdés. Desde ahí cabalgamos por las «Yeseras» y los calientes Baños Colina y tras 4 horas llegamos a la «Vega de los Caballos». Ésta ofrece en su orilla suroeste, ahí donde una vertiente de agua clara viene del cerro, un lugar ideal para acampar. Este primer campamento queda cuestionado si es que uno quiere ir a alguno de los pasos (Nieves Negras o Colina). Para ascensiones en el grupo Colina debemos seguir cabalgando.

El cerro Amarillo ya se ve desde poco antes de la vega en todo su esplendor. Una loma redonda está por delante y entre ésta y el Amarillo hay otra vega más pequeña que sirve de campamento para el ascenso del Amarillo. Desde la «Vega de los Caballos» continuamos hacia el Este por el camino al paso Nieves Negras, el que dejamos ahí donde un estero viene desde la derecha. Por su orilla ascendemos y llegamos a alrededor de 3200 m de altura a la vega antes mencionada. Desde el refugio hasta acá uno necesita entre 6 a 7 horas, por cierto, sin una detención en los Baños Colina puesto que este placer lo hemos dejado para el regreso.

Desde este campamento alto se puede cabalgar a la mañana siguiente hasta el portezuelo que se levanta hacia el Oeste. Acá tenemos una vista magnífica hacia el valle del Colina y más atrás se aprecia el todavía inescalado cerro Castillo (5450 m). De este mismo voy a contar algo más tarde. Ahora nos vamos hacia la arista que lleva a la cumbre del Amarillo. Una hermosa chimenea muestra toda la estructura de la cumbre; el primer ascensionista, nuestro camarada ya fallecido, Meixner, encontró su ruta a través de ella. Debido a esto la bautizamos chimenea Meixner. Debido a que es una zona de caída de piedras no es recomendable para grandes grupos como el nuestro.

Es mejor seguir ascendiendo por la arista y salir desde atrás de la cumbre, es decir, desde la cara Sur. Acá una amplia garganta de roca no ofrece grandes dificultades para alguien con un poco de experiencia en roca, pero a pesar de eso se debe tener mucho cuidado debido a lo quebradizo de la roca. En un nicho en la roca, unos 30 m bajo el punto más alto del Amarillo encontramos el tarro con la tarjeta de la primera de la ascensión, justo a la salida de la chimenea. Desde ahí lleva por un paso «espinudo» al punto más alto. Se ofrece una magnífica vista en todas direcciones, especialmente a los enormes glaciares del vecino, el San José, así como también a los Picos Colina. Nuestro grupo estaba compuesto por 7 personas, entre ellos 2 mujeres. El descenso no fue tan perfecto. Gehrung se cayó debido a unas rocas sueltas unos 20 m sin sufrir grandes daños, sin embargo, este incidente provocó que otro miembro del equipo desistiera de ir a la cumbre y nos esperara en un lugar protegido. A mí mismo se me desarmó el suelo cuando estaba asegurando con la cuerda y las rocas le cayeron con estrépito al resto. Por fortuna, alcanzaron a ver el regalo que les venía, pero aun así hubo cabezas sangrando.

El descenso sigue bastante rápido desde ahí cuando ya se tienen las rocas de la cumbre atrás. Uno se devuelve a la arista y se desliza por el largo acarreo hacia abajo hasta el campamento.

Antes de que comience a hablar más en detalle de los Picos Colina, quisiera contar algo del viaje alrededor del grupo Colina. En un principio queríamos ir al cerro Castillo, sin embargo, fuimos rechazados y nos devolvimos a la vega de los Caballos. Desde acá seguimos el camino que la otra vez habíamos tomado hacia el Amarillo. Este camino da una gran vuelta hacia el glaciar del San José y desemboca en una hondonada detrás del cerro Amarillo. Si es que alguien piensa que ahora uno está cerca del paso Nieves Negras, se equivoca. Por un terreno de lomas suaves se continúa hacia atrás.

Por un largo rato vemos el poste fronterizo en el paso delante nuestro, pero nos toma casi 2 horas llegar hasta allá arriba. El viento aumenta su fuerza mientras más cerca estamos del paso. Especialmente debido a los animales es recomendable partir tan temprano como sea posible desde la vega de los Caballos para así poder cruzar el paso antes del mediodía. Antes del paso vemos a la derecha (hacia el Oeste) la «Cumbre Norte» de los Picos Colina así como el Portillo Azufre, al que lleva el valle de Colina.

Hacia el otro lado del paso de Nieves Negras vemos a la izquierda las enormes masas de hielo del glaciar del San José, todo cubierto por piedrecillas negras, por eso el nombre de Nieves Negras. Por varios kilómetros se extiende el glaciar hacia el valle mientras nuestro sendero, mucho más arriba, avanza por empinados e interminables acarreos. Son los faldeos que caen desde el Este de los Picos Colina. Casi desagradable e incluso cansadora resulta esta cabalgata por el acarreo. Pasamos por delante de la entrada al glaciar Nieves Negras y luego nos acompañan las aguas del río Salinillas por otra hora hasta que finalmente podemos hacer una pausa en una vega. El cruce total del paso desde la vega de los Caballos dura unas 8 a 9 horas. Este campamento en el que nos encontramos se ubica donde el río Volcán desde el Norte y el río Bandera desde el Sur desembocan en el río Salinillas.

Incontables huellas de guanaco hay ahí, tres veces estuve acechando antes del amanecer con la escopeta preparada, pero no pasó nada. Recién cuando comenzamos a ascender por el valle del Bandera en una curva del valle aparecieron 9 guanacos delante nuestro a 50 m de distancia, pero ¡la escopeta estaba cargada sobre la mula! ¡Mala suerte! Todo el valle Bandera, que se extiende por detrás de los Picos Colina hasta el cerro Castillo, se encuentra lleno de huellas de guanaco; dos días llevé la escopeta cargada a la espalda, pero ningún guanaco se dejó ver.

Justo en el primer cruce del río Bandera nos ocurrió una desgracia. Una mula -no sé por qué- se puso obstinada y corrió, después que habíamos cruzado el río, de regreso, tropezó y se cayó al agua. Los sacos se llenaron inmediatamente de agua y se pusieron tan pesados que la mula no pudo salir. La corriente se la llevó unos 30 m hasta que se enganchó en una roca con la cabeza bajo el agua. Rápidamente salté hacia allá, amarré un lazo alrededor de la cabeza y nuestro arriero lo sostuvo desde la orilla por arriba del agua mientras yo me dediqué a cortar las correas para así descargar a la mula que ya estaba inconsciente. La tomé de las patas y la arrastré a la orilla. La pobre mula estaba ahí sin moverse sangrando de varias heridas en el cuerpo. Con las correas y cinturones la golpeamos para darle calor y, en efecto, tras algunos intentos se paró de nuevo. Como no teníamos un animal de reemplazo, cargamos mi caballo y yo anduve a pie todo el día.

No había un camino, con frecuencia debíamos hacer uno con el piolet. Después de que ya habíamos cruzado el río Bandera seguimos por el lado Sur del valle hacia arriba y tras cuatro horas de cabalgata llegamos a un magnífico lugar de campamento, una amplia vega en cuyo borde superior se levanta una loma empinada. Desde ahí la ruta continúa por el lecho del Bandera, a veces por la izquierda hacia arriba y luego de nuevo por el río mismo hasta que se cierra el valle donde se ven las aguzadas puntas del cerro Castillo. A lo largo de toda la marcha nos acompañaron a mano derecha las, en buena parte congeladas, laderas sur de los Picos Colina. Cuando en esta marcha aparece el Castillo debemos cruzar a la orilla derecha y ahí encontramos huellas de guanacos por las que es fácil seguir hacia arriba. Pronto estamos en una especie de altiplanicie llena de penitentes que se extienden a lo largo del circo que se forma entre el Castillo y su vecino sin ascensos, el Manchado de 5375 m, así como hacia el Paso Colina. También desde acá vemos a la distancia el poste fronterizo en el paso a la altura de 4080 m. Por acarreos cada vez más empinados y en parte por penitentes alcanzamos el paso y nos encontramos de nuevo en territorio chileno. El descenso por el lado chileno hacia el valle de Colina, debido al acarreo suelto y a la gran pendiente, es muy desagradable. Hacerlo en sentido opuesto sería un crimen y los animales tendrían que descargarse.

Como ya se mencionó, nos encontramos en la parte superior del valle de Colina y quiero dar un salto hacia abajo a la vega de los Caballos para describir la ruta en ascenso desde acá. Desde el campamento, junto a la ya mencionada vertiente, ascendemos a la derecha por la loma que se cruza por delante del valle de Colina, que acá da una fuerte curva hacia el Sur. Un poco más adelante se cruza el río Colina y por un rato seguimos por el lecho del río para más tarde evitar una angostura por la derecha. Pronto debemos descender nuevamente al río y cruzar éste dos veces más para luego llegar a la desembocadura del estero Azufre, el cual proviene del Castillo. Después que éste también es cruzado seguimos por las laderas del valle de Colina. Acá el valle de Colina da una fuerte curva hacia el Este y se dirige derecho hacia los Picos Colina. Tras una media hora de ascenso por las laderas aparecen delante nuestro los Picos Colina en toda su magnificencia, con el glaciar empotrado entre medio. A mano derecha vemos el Paso Colina y a unos 500 m delante nuestro nos saluda una mancha verde, una vega, el campamento alto del valle de Colina. En el camino hacia allá cruzamos algunas laderas en las que se ven claramente marcas de prospecciones mineras. Acá se buscó plata y oro, pero sólo se encontró azufre, el cual se hace notorio debido al desagradable olor. Ahí mismo encontramos restos de madera de barracas que nos sirven como leña para nuestro campamento.

En mi última excursión, en semana santa de 1939, llegamos de nuevo acá junto a esta hermosa vega donde antes había pasado 3 noches; el fogón todavía estaba utilizable ahí. Salimos el sábado de pascuas en la mañana cuando todavía estaba oscuro por las lomas hacia arriba en dirección al glaciar Colina, es decir, hacia la mitad del grupo. Como habíamos calculado, tras 3 horas de ascenso estábamos a los pies del glaciar. Elegimos el lado izquierdo del riachuelo. Acá quiero hacer notar que para la Cumbre Sur y la Punta Portillo se debe ascender por la derecha del riachuelo. El glaciar estaba tan agrietado que cruzarlo era imposible y por eso tuvimos que abandonar el ascenso previsto a la Cumbre Oriente. En lugar de eso intentamos cruzar el glaciar más arriba por la orilla norte, pero el sol ya había comenzado a iluminar las laderas heladas de la Cumbre Norte por lo que llamé a regresar debido al creciente peligro de caída de piedras. ¿Qué hacer ahora?

Otra vez hacia abajo y al otro lado a los pies de la Punta Portillo hacia la orilla sur del glaciar y luego hacia la Cumbre Sur, pero para eso no había suficiente tiempo. Entonces nos quedaba como consuelo la Cumbre Norte; ésta es la más baja, pero mejor que nada.

Cruzamos entonces hacia la arista Oeste de la Cumbre Norte. Haciendo escalones superé una pared de hielo de casi 10 m de altura y luego aseguré con la cuerda a mis compañeros. Otros 100 m seguimos por rocas fuertemente congeladas hacia arriba y luego por un acarreo suelto. Siempre apoyados contra la pared de roca llegamos finalmente, tras grandes esfuerzos, a la arista. Los últimos 100 m a la cumbre son fáciles, sólo se debe estar libre de vértigo puesto que a la derecha y a la izquierda hay caídas muy empinadas y la arista tiene, a veces, apenas 1/4 m de ancho. A las 12:00 en punto llegamos a la cumbre los seis -como primeros ascensionistas. En la cumbre dejamos en una lata de verdadero queso «Edelweiss-Camembert» del Allgäu nuestras tarjetas y unas pequeñas banderas chilena y alemana. La fuerte nubosidad ofrecía poca vista a distancia y el fuerte viento nos llevó rápidamente de la cumbre hacia una cavidad más abajo para tomar un descanso.

Para el descenso nos dirigimos hacia el Paso Nieves Negras hasta que vimos a la izquierda un acarreo que descendía al Portillo Azufre por el que descendimos rápidamente y en nada de tiempo estábamos junto al estero Colina y a las 3:00 de nuevo en el campamento.

Como ya mencioné, yo estuve ahí arriba una vez con mi esposa para partir desde ahí hacia el cerro Castillo. Elegí esa ruta porque en los intentos anteriores de ascender el Castillo por su arista Norte fracasaron. Desde el campamento base en el valle Colina nos dirigimos al Paso Colina. Uno puede cruzar este mismo o, lo que es más cerca, avanzar hacia la derecha hacia la arista que proviene del Castillo. En el lado argentino nos encontramos en medio del circo que tiene al frente el cerro Castillo con toda su extensión delante nuestro y a su izquierda su vecino el Manchado. El circo se cruza por su margen superior y entonces estamos a los pies del cerro. Ahora que uno lo puede observar con más detención se ve muy diferente, para nada amistoso puesto que dos enormes paredes se levantan delante nuestro. Nubes que se comienzan a juntar me incitan a volver y al día siguiente tenemos en el campamento Colina 20 cm de nieve fresca. Pero acá, es decir, en estas paredes, debiera estar el «punto débil» del Castillo. Una hermosa chimenea, probablemente muy peligrosa debido a la caída de piedras, asciende por los escalones de la pared. Por sobre ésta pareciera que el último tramo no presenta muchas dificultades, pero se debe ser un buen escalador si es que se quiere atacar el cerro desde acá. Quizás existe otra posibilidad que puede ser subiendo a la brecha entre el Castillo y el Manchado (500 m de acarreos) y desde ahí por la quebrada arista hacia arriba con lo que se evita la pared.

El cerro Castillo es un cerro orgulloso y hermoso; ¿podrá seguir defendiéndose después de los cuatro ataques que ya ha resistido? Y si es que alguna vez cae y todas las cumbres de la cordillera han sido conquistadas va a seguir siendo un imán puesto que cuando se va tan lejos en la cordillera es porque uno busca «problemas». Y el problema se llama pared Sur del Castillo. Quien haya visto alguna vez esta pared con sus 2500 m verticales, no puede dejarla ir.

Traducción: Álvaro Vivanco

Artículo publicado originalmente en la Revista Andina 1943