Viaje hacia lo desconocido
Salzburgo, una ciudad en Austria asentada en los alpes orientales, es pequeña. Si crece aquí como hija de una familia apasionada por los deportes de montaña, no se puede evitar conocer las cumbres cercanas como la palma de la mano.
Sin embargo en algún momento es frustrante el impacto del gran volumen de personas, que desde la pandemia recorre las montañas como hordas de hormigas; y es así como nace la necesidad de planear excursiones más alejadas, viajes “más largos” para así explorar otros terrenos.
Desde siempre, los amantes de la montaña se sienten atraídos por lo lejano, orientando su brújula hacia la aventura, la búsqueda de lo desconocido, que es tan antigua como el montañismo mismo. La fascinación por lo nuevo, la emoción del viaje y la adrenalina del esfuerzo van siempre en la mochila.
Mi búsqueda ahora me reta a ir más allá de Salzburgo, de Austria, de Europa. Quería algo diferente. Quería encontrar cosas que aún no había visto, sentido o experimentado; y por mucho que aprecie mi ciudad natal, era importante dejarla atrás, junto con todo lo conocido. La curiosidad era mi motor, la rutina el peso del que necesitaba deshacerme y las montañas mi brújula. Hace dos años partí hacia lo desconocido, sin tener muy claro a dónde específicamente llegaría, hasta que por varias razones sentí un llamado fuerte para gravitar las montañas de los Andes, el anhelo por lo desconocido esta vez me llevó a adentrarme en las montañas chilenas al sur de Sur America.
Hasta ahora pensaba que un viaje de dos horas en auto desde la ciudad de Salzburgo hasta otro distrito, el Pinzgau, ya era una larga distancia, pero Chile rápidamente me mostró que estaba equivocada. Después de un viaje nocturno de once horas en autobús desde la capital Santiago de Chile a Entre Lagos, aún estábamos lejos de nuestro destino. Siguieron dos horas en auto y luego una subida de cuatro horas, caminando, cargando el equipaje y los esquís de travesía, hasta el refugio Caulle, donde pasaremos la noche. Al día siguiente subiremos finalmente a nuestro objetivo, al cráter del volcán Puyehue.
El volcán Puyehue (2.236 m) se encuentra en la zona volcánica del sur, hace parte de la cadena de volcanes de unos 6.000 km que se extiende desde Colombia hasta el sur de Chile. Formando parte del complejo volcánico Puyehue-Cordón Caulle y está situado a unos 870 km al sur de Santiago, en la Región de Los Ríos[1]. La región se caracteriza por una combinación de lagos y volcanes – uno podría casi creer haber llegado al Salzkammergut austríaco – si no fuera porque el destello blanco de un volcán en el horizonte rompe esa ilusión. En esta zona volcánica del sur se encuentran los volcanes conocidos entre los viajeros de las montañas – los volcanes Osorno (2.652 m) y Villarica (2.847 m), cuyas alturas son comparables con la de una montaña del Pinzgau, el Birnhorn (2.634 m).
Cuando el volcán Puyehue entró en erupción en junio de 2011, las consecuencias fueron enormes tanto para Chile como para Argentina: se cerraron escuelas, se cancelaron vuelos aéreos, y hasta se evacuaron poblaciones. Los datos satelitales del servicio meteorológico australiano BOM mostraron cómo la ceniza dio la vuelta completa al planeta.
La fascinante historia y las impresionantes fotos del cráter habían despertado en nosotros una gran expectativa y motivación. Después de una noche fría sobre incómodas camas de madera, el grupo estaba listo para comenzar el ascenso el sábado a las siete de la mañana.
El grupo estaba formado por una mezcla heterogénea de nacionalidades, idiomas, edades y profesiones; estudiantes de España y Alemania, docentes austriacos, arquitectos, paisajistas, empresarios y glaciólogos chilenos van en busca de lo desconocido. El hecho de que cada quien hablara un idioma distinto no era obstáculo, la mayoría dominaba varios idiomas con fluidez, lo que permitía una comunicación natural en español, inglés y alemán; todo se convirtió rápidamente en un equipo coordinado, sólido y de un ánimo arrasador.
Con las mochilas preparadas, doce excursionistas abrigados se encontraban frente al refugio, inhalando el aire fresco de la mañana. La extensa meseta yacía pacíficamente ante nosotros, envuelta en el silencio del amanecer. El cielo estaba gris y cubierto de niebla. Solo podíamos imaginar que frente a nosotros se alzaba un majestuoso volcán.
Entre las once y las doce horas, el pronóstico meteorológico anunciaba una ventana de buen tiempo a partir de los 2.000 metros, por lo que emprendimos la marcha con confianza. Como la nevada prevista para la noche del viernes no se había producido, era entonces necesario llevar los esquís al hombro durante el primer tramo. El ascenso comenzó de manera suave y moderada y de vez en cuando algunos rayos de sol lograban iluminar el camino para abrirse paso entre la capa de niebla.
Después de unos cuarenta minutos de caminata nos pusimos los esquís, pero la niebla volvió a espesarse, la pendiente se hizo más pronunciada y tuvimos que hacer pausas frecuentes para abrigarnos o quitarnos capas de ropa. La temperatura cambiante, el viento cada vez más fuerte y la insuficiente visibilidad empezaban a pasarnos factura. Cinco montañistas decidieron regresar, quedamos siete decididos a continuar en busca del cráter a pesar de las condiciones adversas. Cruzamos la última ladera con precaución, manteniendo varios metros de distancia entre nosotros para no correr riesgos en el agreste y empinado terreno. Luego los obstinados se y de pronto se escucha de nuestro guía un gritó que el viento le quiebra las palabras. A Cincuenta metros. Cerca, muy cerca. Solo faltaban 50 metros para llegar al cráter.
Nos miramos unos a otros, nadie se atrevía a decir en voz alta lo que todos pensábamos. Una mirada hacia arriba bastó para confirmarlo. Allí estaba, nuestro objectivo, el cráter. Algunos empezaron a mover los brazos para devolver la sangre a los dedos entumecidos por el frío. Quedarse quietos en ese viento glacial a los dos mil ciento ochenta y seis metros era todo menos agradable.
Tan cerca, tan impresionante, tan único. Nunca más. La única oportunidad. Resonaba en mi cabeza. Solo. Cincuenta. Metros.
Sí, queríamos lograrlo, aunque nuestros cuerpos anhelaran calor. Éramos un grupo fuerte física y mentalmente, decidido a apretar los dientes y alcanzar su meta. El viento tironeaba de nuestras chaquetas, impaciente e inquieto, como si quisiera ponernos a prueba. Es demasiado peligroso. Hasta que alguien lo dijo. Riesgoso. Una última mirada hacia arriba. El objetivo estaba al alcance de la mano.
Vamos a bajar, chiquillos.
Aquel día el tiempo no estaba dispuesto a someterse a nuestra voluntad. La naturaleza se había presentado libre y salvaje y una vez más las montañas nos recuerdan los límites de la especie humana. Miré a mi alrededor… No podríamos contar después que habíamos alcanzado nuestro objetivo. No podríamos contar del imponente cráter. Pero, ¿qué contaremos entonces?
Constaría de un viaje que me había llevado hasta las alturas de los Andes chilenos en Sur América. De las camas de madera que dificultan el dormir y del arcoíris que embellece nuestra dura ascensión. Contaría sobre un grupo que no compartía el mismo idioma y al final construimos un colegaje, del sencillo guiso del viaje al final del día, y sobre una cabaña rústica que yacía tranquila y reverente a los pies del volcán. Y sobre todo, contaría lo que me había enseñado lo desconocido: valor, fuerza, voluntad y confianza en mi propio viaje; el viaje en donde aveces no se alcanza la meta, el viaje a lo desconocido…
Autora: Katharina Reif
Idioma original del texto: Alemán
Corrector del texto español: Rosendo Urrea Cardona
Fotos: Katharina Reif, DAV
Referencias: SAC, Vulkane des südchilenischen Seengebiets (https://www.sac-cas.ch/de/die-alpen/vulkane-des-suedchilenischen-seengebiets-15191/) 13.11.2025
[1] SAC: Vulkane des südchilenischen Seengebiets (https://www.sac-cas.ch/de/die-alpen/vulkane-des-suedchilenischen-seengebiets-15191/) 13.11.2025
Oberalm/Santiago de Chile, 14.12.2025
Reise ins Unbekannte
Skitour auf den Vulkan Puyuehue
Salzburg ist überschaubar. Wächst man hier als Kind einer bergsportbegeisterten Familie auf, kommt man nicht umhin, die naheliegenden Gipfel bald wie seine eigene Westentasche zu kennen. Irgendwann wird es einem dann zu eintönig und die Leute, die seit der Pandemie wie die Ameisen über die Berge wuseln, zu viel. Man plant abgelegenere Touren mit längerer Anreise, um endlich wieder neues Terrain zu erkunden.
Die Suche nach dem Unbekannten ist so alt wie das Bergsteigen selbst. Seit jeher zieht es Bersportler:innen in die Ferne, um ihren Kompass dem Abenteuer auszurichten. Faszination, Aufregung und Adrenalin sind dabei stets treue Begleiter. Meine Suche nach dem Unbekannten führte mich dieses Mal etwas weiter als nur über die Salzburger Grenzen hinaus. Ich wollte etwas Neues finden; Dinge, die ich bisher noch nicht gesehen, gespürt oder gefühlt hatte. So sehr ich meinen Heimatort schätze, so wichtig war es für mich, das Bekannte vorerst hinter mir zu lassen. Die Neugier war mein Motor, die Routine der Ballast, den es abzuwerfen galt, die Berge mein Kompass. Als ich vor zwei Jahren ins Unbekannte aufbrach, war mir noch nicht klar, wohin mich die Reise führen würde. Doch der Ruf der Anden war stark und die Sehnsucht nach dem Unbekannten trieb mich tief hinein in die chilenischen Anden…
War ich bisher der Meinung, eine zweistündige Autofahrt von Salzburg Stadt in den Pinzgau wäre eine weite Anreise, hatte mich Chile ziemlich schnell eines Besseren belehrt. Anders als vermutet, waren wir nach einer 11-stündigen Nachtbusfahrt von Santiago de Chile, der Hauptstadt, in den Süden nach Entre Lagos, dem Ausgangspunkt, unserem Ziel noch keineswegs nahe. Zunächst folgte eine 2-stündige Autofahrt und anschließend der vierstündige Aufstieg mit Gepäck und Skitourenski am Rücken zur Hütte, dem Refugio Caulle. Hier würden wir nächtigen und am folgenden Tag unsere Skitour starten. Das Ziel: der Krater des Vulkans Puyuehue.
Der Vulkan Puyehue (2.236 m) liegt in der südlichen vulkanischen Zone der etwa 6000 km langen Vulkankette, die sich von Kolumbien bis nach Südchile erstreckt. Er gehört zum Vulkankomplex Puyehue-Cordón Caulle und befindet sich etwa 870 km südlich von Santiago in der Region Los Ríos. Die Region zeichnet sich durch eine einzigartige Kombination aus Seen und Vulkane aus. Man könnte beinahe glauben, im österreichischen Salzkammergut gelandet zu sein, würde nicht das Hervorblitzens eines weißen Vulkans am Horizont den Eindruck trügen.
Als der Vulkan Puyuehue Juni 2011 ausbrach, hatte dies weitreichende Folgen für Chile und dessen Nachbarland Argentinien. Schulen wurden geschlossen, Flüge gestrichen und Menschen evakuiert. Satellitendaten der australischen Wetterbehörde BÖM zeigten, wie die Asche einmal den gesamten Globus umrundete.
Die faszinierende Geschichte und die eindrucksvollen Fotos des Kraters weckten in uns eine große Vorfreude und Motivation. Nach einer kalten Nacht auf unbequemen Holzbetten war die Gruppe am Samstag um sieben Uhr morgens bereit zum Aufstieg. Die Gruppe setzte sich aus einer Mischung aus Nationalitäten, Sprachen, Alters- und Berufsgruppen zusammen. Studierenden aus Spanien und Deutschland wollten zusammen mit Lehrenden aus Österreich und Architekt:innen, Landschaftsgärtner:innen, Unternehmer:innen und Glaziolog:innen aus Chile nach dem Unbekannten suchen. Dass dies auf verschiedenen Sprachen stattfand, stellte kein Problem dar. Die meisten beherrschten mehrere Sprachen fließend, was einen problemlosen Austausch auf Spanisch, Englisch und Deutsch gewährleistete. Trotz ihrer Verschiedenheit entwickelte sich die Gruppe schnell zu einem gut funktionierenden und vor allem gut gelaunten Team.
Mit gepacktem Rucksack standen nun zwölf eingemummte Tourengeher:innen vor der Hütte und sogen die kühle Morgenluft ein. Friedlich lag die ausgedehnte Hochebene vor uns, eingebettet in die Stille des Morgens. Der Himmel war grau und nebelverhangen. Wir konnten nur vermuten, dass vor uns ein majestätischer Vulkan liegen sollte.
Zwischen elf und zwölf Uhr kündigte die Wettervorhersage ab 2000 Metern ein Wetterfenster an, weshalb wir uns zuversichtlich auf den Weg machten. Da der für Freitagnacht vorhergesagte Schneefall ausgeblieben war, mussten die Ski vorerst getragen werden. Der Anstieg begann sanft und moderat, ab und an bahnten sich vereinzelte Sonnenstrahlen ihren Weg durch die Nebeldecke.
Als wir uns nach etwa 40 Minuten Gehzeit die Ski anschnallten, verdichtete sich der Nebel wieder. Immer steiler ging es fortan bergauf und die Gruppe musste regelmäßig Pausen einlegen, um sich an- oder wieder auszuziehen. Die wechselnden Temperaturen, der zunehmende Wind und die schlechte Sicht machten uns langsam zu schaffen. Fünf Gruppenmitglieder hatten beschlossen, die Rückkehr anzutreten. Somit waren wir noch sieben Personen, die sich das Ziel gesetzt hatten, den Krater trotz widriger Bedingungen zu erreichen. Den letzten Hang überquerten wir bedacht und mit einigen Metern Abstand zur nächsten Person, um kein Risiko im steilen Gelände einzugehen. Im Anschluss wartete die Gruppe, bis wieder alle beisammen waren. Unser Tourenleiter brüllte uns etwas zu, doch seine Worte wurden vom Wind hinfortgetragen.
Cincuenta. Metros. Muy cerca.
Es fehlten noch 50 Meter bis zum Krater. Wir blickten uns gegenseitig an. Keiner wagte, das Ungewollte auszusprechen. Ein Blick nach oben machte deutlich, was jeder von uns im Stillen dachte. War es das wert? Die Sicht war miserabel, der Krater in dichten Nebel gehüllt. Einige begannen ihre Arme zu kreisen, um die von der Kälte steifen Finger wieder zu durchbluten. Bei eisigem Wind zu verharren, war alles andere als angenehm. So nahe, so beeindruckend, so einzigartig, hallte es mir durch den Kopf. Nie mehr wieder. Die einzige Chance. Nur. fünfzig. Meter. Ja, wir hatten noch Kraft, auch wenn wir bereits einige Stunden unterwegs waren. Ja, wir wollten es schaffen, auch wenn sich unsere Körper nach Wärme sehnten. Wir waren eine starke Gruppe, die Zähne zusammenbeißen und ihr Ziel erreichen wollte. Es demasiado peligroso. Bis es jemand aussprach. Riesgoso. Es war zu riskant. Der Wind zerrte an unseren Jacken, ungeduldig und ruhelos, als wolle er uns prüfen. Ein Blick nach oben, das Ziel war zum Greifen nahe.
Vamos a bajar, chiquillos.
Wir hatten heute kein Glück. Das Wetter nicht bereit, sich unserem Willen zu beugen. Frei und wild hatte sich die Natur präsentiert und uns die Grenzen aufgezeigt. Wir würden später nicht erzählen können, unser Ziel erfolgreich erreicht zu haben. Wir würden nicht vom eindrucksvollen Krater berichten können. Doch was würden wir erzählen, was würde ich erzählen?
Ich würde von einem Abenteuer berichten, das mich bis tief in die chilenischen Anden geführt hatte. Von unbequemen Holzbetten, die mich kaum schlafen ließen, und vom Regenbogen, der uns den mühsamen Aufstieg verschönert hatte. Ich würde von einer Gruppe erzählen, die nicht dieselbe Sprache teilte, aber den simplen Reiseintopf am Ende des Tages, und von einer rustikalen Hütte, die dem Vulkan still und andächtig zu Füßen lag. Und vor allem würde ich davon berichten, was mich das Unbekannte gelehrt hat: Mut, Willenskraft und Vertrauen in die eigene Reise; die Reise, auf der man nicht immer das Ziel erreicht, der Weg aber umso wertvoller ist.
ANHANG
- Fotos von der Vulkanbesteigung
- Fotos Österreich (Referenzpunkte aus dem Artikel)
Salzkammergut (www.salzkammergut.at, abgerufen am 13.11.2025)






